TRABAJO CHAYAN HOSPITAL DE DIA Y TRASTORNO ALIMENTARIOS

Acompañamiento terapeutico, hospital de dia y trastornos alimentarios

Karina Chayán

 

Comenzaremos con un breve recorrido acerca del hospital de día y de la concepción actual del acompañamiento terapéutico para luego delimitar  la función del acompañante dentro de un hospital de día para trastornos alimentarios, hecho que ha provocado la demanda de cierta modificación del encuadre tradicional.

La posguerra en los años´50, dejo tras de si una superpoblación de pacientes, provoco urgencias sanitarias y la necesidad nuevos métodos de atención intensivos, en este contexto es que surge el hospital de día.  También los avances en teorías psicodinamicas, técnicas biológicas y psicofármaco logia  acallaron los síntomas de peligrosidad del loco y permitieron la libre circulación de los pacientes en la ciudades.  La temprana tendencia rehabilitadora y antiasilar lo  perfilan como una opción clara de atención intensiva, donde se fue modificando la población de pacientes que acuden al mismo al ritmo de los cambios en las patologías prevalentes. (1) En el caso del hospital de día para trastornos alimentarios, este facilita el dialogo interdisciplinario y propicia el abordaje complejo de estos padecimientos que atraviesan desde lo psicopatológico al compromiso del cuerpo.

En nuestro país aparece al mismo tiempo que el hospital de DIA, y bajo la influencia de la antipsiquiatria, la figura del acompañante terapéutico como un hacer-otro con el alienado que asilarlo, aislarlo. Desde el inicio el trabajo clínico del AT fue orientándose de manera diversa.

Actualmente los AT son indicados para el trabajo con un solo paciente por parte de un AT o un equipo de AT bajo dos modalidades: -en internación domiciliaria, las 24hs. En momentos de crisis, como alternativa a la internación institucional. – algunas horas, con objetivos delimitados.

En el caso del hospital de día en el que trabajamos la necesidad del trabajo de los AT fue planteada desde los inicios por el jefe de servicio en ocasión de recibir alumnos de la pasantia de Acompañamiento Terapéutico de la U.B.A.,  la práctica y la función fue delineándose según las necesidades propias del hospital de día y la especificidad de la patología.  Lo cual implico una transformación una demanda de acompañamiento delimitada en el hacer clínico mismo.

Ubicamos 4 modalidades a desarrollar, que van de lo general a lo particular, del grupo de pacientes que asiste al htal de día a la clínica del caso por caso y la dialéctica entre los dos:

1) Durante el horario del almuerzo

2) Durante los talleres terapéuticos.

3) Lo que vamos a llamar “A demanda”

4) Trabajos particulares con un caso individual, con una estrategia delineada por el equipo y objetivos desde el equipo, mas aportes de los AT.

El hospital funciona por la mañana con diversos talleres terapéuticos de frecuencia semanal como asamblea de convivencia, terapia ocupacional, cine, arte, cultura, terapia de grupo, taller de familia y multifamiliares. Otros talleres no sistemáticos como nutrición, sexualidad. Al mediodía  el almuerzo que se propone como espacio compartido entre las consultantes y los profesionales.

La población de pacientes reúne los criterios del DSM4 para Bulimia y Anorexia. Tomaremos algunos casos para ejemplificar las 4 instancias de trabajo de los AT.

Rosa tiene 21 años, vive con su tía materna, su esposo y su abuela, su madre fallece hace unos años luego de una larga enfermedad y es Rosa quien la cuida hasta su muerte.  En las entrevistas de admisión surge un leve retraso intelectual y una gran dificultad de expresarse verbalmente, con una forma predominantemente concreta.  Su abuela esta senil y su tía se ocupa todo el día de cuidarla..  La paciente suele no participar en los grupos y suele no contestar cuando le dan la palabra, luego de casi 1 año de tratamiento además de la recuperación paulatina de su peso y la cada vez más frecuente participación en los distintos espacios. La paciente dice que siente no tener un lugar, se angustia diciendo lo mucho que le gustaría tener a su tía “un poco para ella “ que su abuela captura toda su atención y ella se queda sin nada.  En el taller de familia cuenta sobre un episodio de abuso de su tío hacia ella y sus dificultades para poner límites a eso.  En los almuerzos los AT registran que a pesar del bajo peso de Rosa, esta come abundante en ese horario y se lleva comida para su casa.  El diagnostico de Rosa es de Anorexia.  A partir de los informes de los AT se evalúa su situación familiar y Rosa dice que siente que molesta, que está demás que su tío le reprocha lo que gasta por vivir allí.

Aquí los AT funcionaron brindando información que enriqueció el abordaje del caso por parte del equipo.  También el conocimiento de su historia individual permitió operar en los talleres de familia, cuando se habla de “las madres”, la que ella no tiene ni para enojarse, el At sale detrás de ella y la acompaña en ese salirse de un taller grupal cuando la temática que en el grupo se propone excede los límites de lo soportable para ella.

Sonia tiene el diagnostico de Bulimia y al llegar al hospital tenía atracones varias veces al día, con tal impulsividad e indiscriminación que cuando ya no tenía en la heladera más que comer, devoraba los productos secos que vienen en cajas para preparar tortas o postres, para luego seguir con el alimento balanceado para su perro, tanto de su envoltorio como del plato del perro.  Luego de esta serie le seguían los vómitos autoinducidos.   Sonia vive con su madre y padre, bastante mayores para su edad (24) y su hermano autista.  Ella es quien se ocupa de su hermano y siempre se queja de tener que ser ella quien lo traslade a diversos lugares, por que su madre o lo atiende a él o algún otro enfermo grave de su familia, quedando para ella un escaso espacio de interés.  Dice no saber lo que significa que su familia asista a algún evento escolar y se interese de algunos de sus logros y proyectos. Sonia cuenta que se pasa semanas enteras en la cama, triste y sin ganas de nada por que se ve mal y ni aún así logra que su madre se conmueva con lo que le pasa, que en realidad “largo la toalla” y ya no espera nada de ella.

Otra de las pacientes llego a comer carne cruda de la heladera en medio de un atracón.  Noemí dice que el solo hecho de ver pan desencadena un atracón.  La mayoría de las pacientes comen a escondidas por temor que el descontrol se produzca o que los demás vean en su forma de comer algo de la voracidad que muchas veces representa.  Suelen no asistir a eventos sociales donde hay comida.

1)  Con este panorama es fácil comprender que el horario del almuerzo en el hospital de día es sumamente importante como parte del dispositivo y requiere de un estar en compañía.

Pero estar en el almuerzo propio de la función del AT se desarrolla con un encuadre diferente atravesado por la variable hospital de día.  El At esta en ese horario con más de 10 pacientes y una enfermera.

Es pensable un AT en grupo, para el grupo? Se sostiene uno  por uno, caso por caso? Existe un efecto multiplicador del AT, como lo teorizan quienes estudian grupos?

De hecho el AT almuerza con ellas, comparte ese momento, sus intervenciones no son específicas pues su lugar no esta en la posición del superyo que controla ni vigila, no se obliga a las pacientes a comer ni a dejar de hacerlo, si es indicación que ese espacio sea compartir el momento entre todas, en la mesa y utilizando los enceres propios del momento.  El almuerzo suele desarrollarse sin inconvenientes contrariamente a lo esperado, tomando en cuenta lo descrito de los casos. Es decir pareciera que la sola presencia, constante, produce cierto efecto que alivia y hace posible que la actividad se desarrolle.  Las At dicen “el efecto es la posibilidad de comer libre, sin control “ diríamos sin la violencia que significa reducirlas al punto de solo ver en ellas lo que son capaces de comer, y de lo que se trata es de restituir la subjetividad en cada caso. De concebir el síntoma en sentido psicoanalítico, como portador de significado. Así el comer en un atracón enlazado al síntoma en su dimensión autística (3), sin el otro, se desliza del comer a escondidas al comer en compañía.   De lo que se trata es de pasar del acto a la palabra.

En los talleres se habla de vomitar la bronca, el dolor, la frustración, de comerse las palabras, de tragarse la angustia, allí donde escasean las palabras son los actos los que llenan el vacío inconciliable de afecto.

Tal vez los AT en la hora del comer, permiten ese lazo diferente, un vínculo distinto, con un objeto complejo como es la comida, un lugar diferente a la repetición de la reducción de la mirada, de lo parcial a lo general, de  la pura imagen a la complejidad de su existencia.

Para seguir con los ejemplos , una paciente cuenta que su madre la llevaba al médico a los 11 años muy preocupada por que su hija era gordita, y comienza sucesivos tratamientos para adelgazar, esta misma mamá no registro como preocupante que su hija a la que teme su futuro de gordita a los 8 años haya puesto una cuchilla de cocina sobre su vientre amenazando con matarse si su madre no dejaba de reprocharle, insultarla  y humillarla por haber roto un objeto de la casa mientras ayudaba a la limpieza de la misma.  Como si desde la mirada de esta madre solo pudiera verse la pura imagen del cuerpo y fascinada por esta redujeran cruelmente la existencia subjetiva de su hija  a la parcialidad del puro cuerpo, como objeto de alimento del narcisismo de su madre.

Puede entenderse desde aquí que ocuparnos-controlando solo  si comen o no y cuanto sería como repetir la escena de padecimiento, es decir sería iatrogénico.

El comer distendido, dando lugar a un espacio que pueda ser vivido como placentero y no bajo la lupa que reduce a la nada, es propiciar una escena diferente.

Lo expuesto hasta aquí va delineando que la modificación del encuadre del At dentro de un hospital de día para trastornos alimentarios es heredera de la clínica y las especificidades que esta produce. y podría hablarse en estos casos de especialidad de la práctica del acompañamiento terapéutico, puesto que el desconocimiento de la patología podría llevar a no poder sostener los diferentes discursos interdisciplinarios que forman parte del tratamiento global de los pacientes, tomar en cuenta la  implicación múltiple de su sintomatología que reúne conocimientos tanto de las Cs. Medicas, Nutrición, psicofármaco logia etc. y  para no correr el riesgo de aventurarse en intervenciones poco felices, como sabemos “el infierno esta lleno de buenas intenciones”.

Es necesario en esta modificación en el rol del At que éste conozca las historias clínicas de todos los pacientes para que sus intervenciones tácticas sean eficaces, también la participación en las reuniones de equipo para el armado de la estrategia a seguir. Y sumar a esto las reuniones propias de coordinación de los acompañantes para revisar cuestiones propias a la práctica.

2) Durante los talleres terapéuticos, los AT están atentos a las salidas de las pacientes de los mismos cuando el tema a trabajar es particularmente angustiante para cada paciente según el momento de su tratamiento, su historia particular, situaciones actuales y la gravedad de cada caso. A cada paciente las resonancias de lo trabajado desde los grupos los afectan en mayor o menor grado, provocando incomodidad, angustia o rechazo y algunos deciden retirarse de los grupos.   Podríamos decir que en los grupos terapéuticos los AT están para sostener la transición de lo grupal al caso por caso.  Esta función permite que el grupo siga trabajando y el paciente que decidió retirarse, estar aun lado del tema en cuestión, salirse del grupo, cuente con el AT para hablar de lo que le pasa, para resguardar de la posibilidad que aquello que lo angustió pase a un acto sin intermediación de la palabra.  Es decir sostener, contener , acotar la angustia , el exceso por fuera del grupo y en forma particular, posibilitando el caso por caso dentro del hospital cuya modalidad principal es el grupo y respetar el momento de cada paciente para poder tramitar algún tema particular.  El AT remite al paciente a trabajar esos temas en su terapia individual e informa al equipo.

 

Es en ese momento cuando el acompañante sale del taller y se queda junto al paciente; lo acompaña, charla con él sobre lo que le pasa y en el caso de que el paciente no quiera o no pueda hablar porque está muy angustiado, se lo contiene simplemente con nuestra presencia trasmitiéndole de esta manera que hay alguien con quien puede contar, no se trata solo de lo que se les puede decir  sino también con lo que se pueda hacer, un gesto, un abrazo o con lo que cada uno es capaz de trasmitir en ese momento a ese paciente.

Me parece importante rescatar esto de “ese momento, con ese paciente” porque nos permite tener en claro que nuestra práctica se va planteando en el hacer cotidiano, que no existen las reglas básicas a priori de la táctica del acompañamiento; sí sabemos, cual es el lugar que debemos ocupar en el tratamiento y que estamos enmarcados dentro de una estrategia.

Esta cuestión de no tener formas rígidas a priori que delimiten la práctica a seguir tiene que ver con el poder pensar en  la individualidad de cada paciente y que ese vínculo “paciente-acompañante” es único e irrepetible.

En la práctica, siguiendo con esta línea, la función del acompañante va a estar delimitada por la situación que se presente. Para que lo podamos entender mejor a continuación vamos a presentar tres viñetas clínicas.

Durante una multifamiliar una paciente tiene una discusión fuerte con la madre, ya que ninguna de las dos podía aceptar el punto de vista de la otra, no lograban comunicarse, no se escuchaban,  como dos monólogos a los gritos. Extracto del AT :  “En un momento la paciente se va del taller muy angustiada, yo salí y me quedé con ella, Paola entre llantos me decía que con su madre no se puede hablar y que se arrepentía de haberle dicho que viniera al taller. Le dije que lo que parecía que tanto ella como la madre pretendían imponer sus razones sin escucharse, que yo la entendía pero que había cosas que la madre no iba a poder cambiar y que tal vez algún día pudiera  aceptarlas, estuvimos hablando un rato y se tranquilizó. En otra oportunidad también en el taller de familia, otra paciente se va del taller, salgo y le pregunto si está bien, me responde que sí que ya entra, le digo que no salí para decirle que tenía que entrar sino porque pensaba que le pasaba algo y por eso había salido. Rosa me dice que en realidad no se siente bien en ese taller ya que muchas hablan de las madres y le hacen acordar de su mamá que está muerta y eso la pone mal. Conversamos sobre eso. En otra multifamiliar una paciente salió y luego de unos minutos me avisaron que estaba llorando en el baño; fui a verla y le pregunté que le pasaba y me dijo que le hizo mal la discusión que habían tenido una paciente con su madre y que no sabía porque se ponía tan mal, luego de hablar un rato lo que dijo fue que siempre le pasa, que se pone del lado de las madres y no sabe porqué, (la mamá de esta paciente murió cuando Leticia tenía 3 años, en una situación muy traumática). Hablamos bastante me contó cosas de su infancia,  de su familia,  y después de hablar bastante me dijo que había hablado de un montón de cosas y que se sentía mejor”.

Podemos decir que en estas ocasiones el acompañante pudo prestarse a la escucha del malestar que sentían estas pacientes y de esta forma el efecto tuvo que ver con cierto alivio que le permitió a la paciente seguir con sus actividades dentro del Hospital de Día.” Las características de la población de pacientes hace que sea peligroso para ellas estar solas en momentos en que se angustian puesto que muchas veces cuando el dolor es insoportable cuando no hay lugar a la palabra se cortan, lastiman, se provocan dolor físico como Freud lo teorizaba en las neurosis de guerra,  el dolor físico, las heridas de la guerra drenaban la angustia insoportable no enfermando estos casos de neurosis de guerra.  Las pacientes muchas veces dicen que es más soportable el dolor de cortarse y que esto calma corta la escena que sus propios reproches, la culpa, la desesperación.

3) Aquello que dimos en llamar AT “a demanda”.  Los pacientes saben que hay AT y cuentan con su presencia  buscándolos particularmente en determinados momentos para pedirles conversar, escuchar y hacerse escuchar reclamando cosas al equipo, en los momentos mas críticos.  Los AT ante estas demandas espontáneas llevan las mismas al terapeuta o psiquiatra tratante para brindar la información y según el caso delinear una estrategia y objetivos para el comienzo de un acompañamiento particular.

En esta modalidad Rosa llama frecuentemente al AT para contarle “cosas lindas que le pasan” , cuestiones cotidianas , familiares , escolares, en este caso que conoció un chico que le gusta, es decir cuenta con un AT para el que ella si tiene un lugar y siente que le interesan sus cosas.  Mariana llama a un AT un viernes al mediodía para decirle que esta muy mal con su familia y que había decidido quitarse la vida, la At luego de escucharla la acompaña en la información de este hecho a integrantes del equipo que decidieron retener a la paciente para citar a su familia y operar allí  en ese momento particular.

4) Por último la modalidad mas tradicional, el AT con una estrategia propuesta por un terapeuta, objetivos delimitados y una táctica posible trabajando con un caso particular a demanda de un terapeuta,  por pedido del paciente y se evalúa en el equipo, como indicación de la coordinación de AT.  Demanda que muchas veces puede ser inespecífica y confundirse con las demandas propias de la institución y es desde el AT que se trasforma ese pedido inespecífico que los AT llaman “tapar agujeros””si un paciente todavía no tiene Terapeuta que tenga AT”, en una demanda de acompañamiento terapéutico que pueda tener como objetivo hacer de esa persona que padece un paciente para un terapeuta. Veamos otro ejemplo trabajado por AT

Este acompañamiento surge como propuesta de la Coordinadora de Acompañamiento Terapéutico en el marco del Hospital de Día del Servicio de Trastornos Alimenticios del Hospital Borda. La paciente con quien se ha trabajado es una chica de 18 años que ha ingresado al servicio hace 8 meses aproximadamente, con el diagnóstico Bulimia Purgativa de acuerdo a los criterios del DSM IV.

S vive con su mamá y su papá, y tiene una hermana y un hermano más grande que ya no viven con ella. A la primera entrevista en el servicio asiste con su madre quien expresa “vive haciendo dieta”, “le agarra la desesperación y come”. S  manifiesta tener atracones de comida todos los días y vómitos  autoinducidos ocasionalmente. Se presenta sin ideación suicida, y sin  auto agresiones.

En la entrevista de admisión comenta que  su madre la obligaba a ir a ALCO porque  tenía 14 Kg. de sobrepeso. “Yo no estaba obsesionada por el peso, era mi mamá la que se preocupaba”. Supone que si fuera flaca se sentiría segura.

Su ex novio  la presionaba para que haga dieta y le señalaba otras mujeres más flacas.

Siempre fue tímida, nunca se aceptó. En la historia clínica nos encontramos con que “ubica empeoramiento de su cuadro, con atracones diarios y esporádicos vómitos desde el comienzo de su noviazgo hace 3 meses”.

Se prescribe Hospital de día de lunes a viernes de 9 a 12 hrs.

El acompañamiento surge con el objetivo de funcionar como soporte en la integración de S al grupo de chicas del hospital de día. Ella suele permanecer aislada durante los almuerzos, en los talleres, generalmente no habla o simplemente responde “no tengo nada para decir“.

Expresa sentir temor a que los demás la juzguen si dice algo mal, especialmente por su imagen. Una de las propuestas fue que en los almuerzos intentara sentarse cerca del resto de las chicas aunque no se animara a decir nada.

Tras intentar, expresó que se sintió bien porque notó que, al abrirse ella, las chicas empezaron a hablarle un poco más a ella. Se notó que en los talleres comenzó a responder un poco más.

Tiene un buen vínculo conmigo, muchas veces es ella quien viene a buscarme para hablar. Especialmente tras su queja de que está sola desde Enero cuando se peleó con su novio y la “abandonó” su terapeuta (renuncio al hospital). Por el momento pareciera que éste es su único espacio en el que puede hablar.

Un día falté por problemas de salud. Al día siguiente de nuestro usual encuentro S llega 45 minutos tarde  habiendo ya empezado el taller del día. Me ve pero no me saluda. Luego del taller me acerco para preguntarle cómo esta y me dice “más o menos“, le propongo charlar y me dice que no tiene ganas. Seguramente yo había entrado en el círculo de gente que”la abandonaba”.

La semana siguiente me pide que como ahora tiene terapeuta (le asignan terapeuta nuevo) prefiere que nos veamos una vez por semana, (previamente los encuentros solían ser de 2 veces por semana).

A partir de este momento los encuentros con S empiezan a hacerse más naturales y sistemáticos. Me cuenta que está muy contenta, se siente mucho mejor, que siente que ya ha hecho el “duelo” de su ex novio. Ahora tiene su terapeuta,  nuevo psiquiatra, nuevo acompañante terapéutico.

Dice que se ha animado a ir al nutricionista pero que no se quiso pesar. Dice que se empieza sentir mejor consigo misma (aunque todavía quiere adelgazar) y que por eso ahora siente que se puede integrar mejor con el grupo de las chicas, que se anima hablar más. Cree que quizás tenga algo que ver con que ahora se siente más contenida.

Me cuenta que está muy contenta porque se animó a ir a bailar con sus amigas, que pudo ir con “buena onda” y que se dio cuenta que por su actitud diferente los chicos la miraron más y se le acercó alguien: dos chicos. Que con uno de ellos volvió a salir y que la va a llamar por teléfono, con lo cual se dio cuenta que no tiene todo que ver con su imagen sino con la “onda” que ella ponga. Además dice que está muy contenta porque estos chicos son de su edad y no tan grande como sus anteriores novios.

Durante unas semanas me buscó  bastante ansiosamente para contarme que había conocido a un tercer chico en un boliche, y que se encontraron… fuimos siguiendo la evolución detallada de esta relación. Se la empieza a ver mas linda, se nota que se arregla más.

Me cuenta que a partir de que este chico le dice que cumple el mismo día que su papá a ella le hizo una especie de clic, que ahora a partir de esto pudo empezar a ver cosas buenas en su papá, cosa que había dejado de hacer hace rato. Que puede reconocer que su papá es atento y cariñoso aunque él no le pregunte cómo le fue al final del día. Se plantea esto como interrogante y hace referencia al complejo de Edipo para preguntarse porque le gusta este chico.

Había surgido en el taller de cine a partir de la discusión en la película “Amor ciego” la cuestión sobre la imagen que tiene uno de uno mismo, y pudo decir en el taller que le da miedo en los grupos sentir que dice “boludeces”, las compañeras le confirman y le dicen que no dice boludeces. A partir de esto me cuenta que siente más integrada en el grupo, que se anima hablar más porque siente que si habla se saca la ansiedad y no come. Que antes comía si estaba deprimida o contenta. Y ahora prefiere hablar, “por eso te busco a vos“. Dice a partir de esto que hace más de dos semanas que no tiene atracones y que está comiendo mejor. Comenta además que se está llevando mejor con su papá.

Con este chico que conoció se ponen de novios y me habla constantemente de su relación con él, dice que ante esto hay varios comentarios de su mamá, que se cuide con las comidas porque si no él se va a ir con una chica más linda, ella le dice que a su novio le gusta todo de ella, y su madre se sorprende de que también le guste su cuerpo. Empezamos a trabajar la idea de que quizás eso es un problema de su mamá con su propio cuerpo.

Tras esto pide que llamen a su madre para que charle con la terapeuta de familia.

Tras un par de semanas (han pasado aproximadamente 4 meses desde el comienzo) empiezo a proponerle la idea de ir cerrando de a poco el acompañamiento dado que los objetivos iniciales han sido cumplidos satisfactoriamente: ha podido integrarse al grupo, charlar con el resto de las chicas, suele hablar por teléfono con algunas de ellas, de vez en cuando salen todas juntas,  habla mucho más los talleres (aunque ella expresa que no le gusta mucho hablar en los grupos logra poder decir algo de lo que le pasa y tener un lugar para los otros). De todas maneras le ofrezco la posibilidad de seguir contando conmigo en el marco del hospital de día cuando necesite hablar, el corte no es brusco en ese sentido, se siguen dando encuentros en los que ella me busca, pero esta vez ella ya no me pide que vayamos a otro lado a charlar sino que prefiere quedarse en el comedor y que alguna de las chicas también se una a la charla, puede “compartir” el almuerzo, y una charla con sus compañeras y su acompañante terapéutico”.

Este acompañamiento en particular  ha brindado la posibilidad de observar otros efectos además de los que surgen a partir de los objetivos propuestos inicialmente. En el caso de  esta paciente, ella, como tantos otros pacientes, se vio afectada por las vicisitudes que atraviesa el sistema de salud mental en nuestro país, siendo uno de esos factores, por ejemplo que, debido a que la mayoría de los profesionales “psi” que trabajan en hospitales públicos no son rentados, esto provoca la rotación de los mismos con efectos en los pacientes, como sensaciones de abandono, necesidades de contención y de atención, que muchas veces son repeticiones, provocadas por un sistema burocrático deficiente, de vivencias que los pacientes ya han sufrido en el seno de sus propias familias. En el caso de S, cuando se comenzó a trabajar  ella no tenia terapeuta, ya que ésta, debido a la obtención de un trabajo rentado había “abandonado” el servicio; asimismo, se corrían rumores de que su psiquiatra de aquel momento iba a abandonar el servicio por las mismas razones, lo cual sucedió efectivamente un tiempo después. Ella además ubica en el mismo tiempo el supuesto “abandono” de su terapeuta, la pelea con su novio, y dice “estoy sola”, con lo cual ella verdaderamente siente que la institución y  el sentimiento de soledad y abandono que le provocó la separación de su novio estan en la misma serie. Fue así que al comenzar el acompañamiento, era este su único espacio, ya que en los talleres y grupo terapéutico a los cuales debía asistir como parte del hospital de día,  ella “no se animaba a hablar”. Así este dispositivo de acompañamiento funcionó como recurso ante la imposibilidad momentánea de obtener los espacios necesarios para realizar un análisis a la paciente en cuestión

Es necesario de todos modos,  tener presente esta función para que el acompañamiento terapéutico como dispositivo no pierda su especificidad, es decir que el acompañamiento se convierta en una función de “tapar agujeros”,   que en este caso se han podido aprovechar las ventajas del mismo para cubrir las deficiencias que la institución pública no pudo brindar. Es decir, valorar el lugar del acompañamiento terapéutico “en la búsqueda de recursos clínicos alternativos para el abordaje de pacientes que desbordan los límites del consultorio o del ámbito institucional[1]

Autores

Karina Chayan

 

 

 

 

 

 

[1] Pulice, Rossi “ Acompañamiento terapéutico”. Editorial Polemos.